Hay que ser único, hay que ser extraordinario. Ese es el consejo base que nos da el profesional del marketing Seth Godin en su libro La Vaca Púrpura, guía que os recomendamos encarecidamente.

El marketing tradicional ha muerto. Los consumidores están cansados del bombardeo publicitario a través de anuncios televisivos y páginas enteras en periódicos, por no hablar de los banners y demás fórmulas que saltan ante sus ojos y en contra de su voluntad mientras navegan por Internet. No son efectivos, no les prestan atención ni mucho menos se les quedan grabados en la mente. Las empresas necesitan comprender esto para contemplar nuevas posibilidades y ahorrarse inversiones millonarias en un sistema hoy obsoleto.

Incluso las compañías que en su día tuvieron éxito se han visto gravemente dañadas posteriormente por su falta de previsión, por haberse asentado sobre la tranquilidad de sus logros iniciales pero sustentados por unas técnicas que ya no sirven. Resistirse provocará el fracaso; hemos de aprender a adaptarnos y a tratar los cambios tecnológicos, sociales, culturales, etc., como oportunidades para mejorar y remodelar lo que ofrecemos, no como ataques ante los que no haya solución o hacia los que haya que tomar medidas drásticas. Un buen ejemplo es la situación de la industria discográfica a raíz de las descargas por Internet.¿Qué nos propone Seth Godin? En primer lugar y para entender el proceso, cataloga a los clientes a través de la siguiente curva:

El objetivo es ir de izquierda a derecha. El empresario de hoy en día ha de crear algo que resulte especial e irresistible para los primeros estratos de la curva: los innovadores y los primeros adoptantes, puesto que ellos, a través de su entusiasmo si el producto o servicio les toca la fibra sensible, serán los que se encarguen de proclamarlo y extenderlo a esa mayoría “precoz y rezagada”, y con suerte también hacia los “tradicionales”, los más difíciles de desprender de sus costumbres.

¿Por qué sería un error dirigirse a esta mayoría directamente? Porque se trata del inmenso porcentaje de consumidores cuya fuerza de voluntad para acoger nuevas opciones se encuentra profundamente mermada entre la saturación, las prisas y el inconformismo actuales. No tienen tiempo para escucharnos a nosotros pero sí a aquellas personas cercanas que han probado nuestro producto o servicio y que están entusiasmados con él y la novedad, los aspectos distintivos, que conlleva.

¿He de intentar competir con las empresas más exitosas o tratar de crear algo único? No, no es necesario en absoluto. Para empezar, por la gran inversión (probablemente de destino frustrado) que supondría tratar de igualarse a los más grandes, y para terminar, porque ya no hay productos que no hayan sido inventados. Sin embargo, sí se pueden aplicar variaciones a lo ya existente, dando lugar a un producto o servicio con unas características que cautiven al segmento de la población que lo estaba esperando, en ocasiones sin siquiera saber que lo necesitaban.

Así pues, a lo largo de este libro en el que se alternan las enseñanzas del autor con ejemplos reales de lo más ilustrativos, Seth Godin nos invita a diferenciarnos, a lanzar esa “vaca púrpura” que todos, sin excepción, tenemos pero no catapultamos al exterior por miedo. Porque, ¿qué cara se nos pondría si al mirar un campo lleno de vacas normales nuestra mirada se cruzara de repente con una vaca púrpura?

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